Loading...
Vida del Padre Claret 2017-10-03T13:46:45+00:00
➜ Colegio➜ Filosofía Claretiana ➜ IdearioPatrono➜ Nuestro patrono. Facetas de la vida. Vida del padre. BiografíaAutobiografía

1.1

1.2

Demos una ojeada sobre el mapa de España. Al noreste de la Península, en la costa del mar Mediterráneo, descubrimos la importante ciudad de Barcelona. En la Plaza de la Universidad, varios autocares de turismo están listos para partir. Una voz anuncia: – “¡Señoras y señores, ocupen sus puestos… Viaje a Montserrat!…” Suben los últimos turistas, y los autobuses, totalmente llenos, se ponen en marcha.

Pasados los primeros kilómetros, los autocares comienzan a subir fatigosamente la montaña. Finalmente, se detienen en la cumbre de la sierra. Allí, entre murallas de rocas, se alza desde la Edad Media, un santuario consagrado a “Nuestra Señora de Montserrat”. El servicio litúrgico está asegurado por el celoso cuidado de una Abadía Benedictina.

1.3

1.4

Desde la cumbre de la montaña se puede contemplar el magnífico panorama que se extiende ante los ojos… En la lejanía, sobre las primeras estribaciones de los Pirineos, se destaca una población llamada: SALLENT. El río Llobregat la atraviesa, poniendo en movimiento las fábricas de tejidos que se encuentran en ambas orillas.

En esta villa industrial nace, el 23 de Diciembre de 1807, ANTONIO CLARET. Es el quinto hijo de una familia de once. Dos días más tarde, en la fiesta de Navidad, mientras resuena el eco del canto de los ángeles, Antonio recibe el santo Bautismo. El acontecimiento constituye un motivo de gozo para toda la familia.

2.1

2.2

En el hogar paterno, Antonio manifiesta un carácter vivo y espontáneo. Muy niño aún, aprende a hacer la señal de la Cruz y asiste con agrado a los actos del culto. Su padre, Juan CLARET, posee una fábrica de tejidos a orillas del río Llobregat. Su madre, Josefa CLARÁ, discreta y hacendosa, vive consagrada a la educación de sus numerosos hijos.

Con frecuencia, el pequeño Antonio, acompañado de su hermanita Rosa, se dirige a la ermita de la Virgen de Fusimanya, situada en los alrededores de Sallent. Los dos hermanitos recorren alegres el camino que sube zigzagueando la montaña. De cuando en cuando, se detienen a recoger algunas flores para componer un ramo y depositarlo a los pies de Nuestra Señora.

2.3

2.4

En el barrio, los chiquillos buscan su compañía. Nadie como él para animar sus juegos infantiles. A pesar de todo, sus mejores amigos son los libros. Un día recibe en el Catecismo, como premio, un librito titulado: “El buen Día y la buena Noche”. Es un compendio de buenos consejos para cada momento del día… Su lectura influyó, sin duda, en el despertar de su vocación.

Más de una vez, Antonio pregunta a su madre: -“¡Mamá!, ¿Hay que pagar mucho dinero para estar en el seminario…?” Su madre no deja de animarle: – “¡No te preocupes por el dinero, hijo mío. Con la ayuda de Dios, todo se puede lograr!…” En el interior de su maternal corazón, pide al Señor que un día se realice el deseo de su hijo.

3.1

3.2

Providencialmente vive en la villa de Sallent un celoso sacerdote: Don Riera. Por su avanzada edad, pasa sus días en casa atendiendo a los muchachos que quieren estudiar latín. Ante los reiterados deseos de Antonio, su madre lo presenta al bondadoso sacerdote… Todas las tardes, al regresar de la escuela, Antonio se marcha satisfecho a escuchar las explicaciones de Don Riera

Por desgracia, al año siguiente, minado por los años y las fatigas, fallece Don Riera. Antonio no pudo aprovecharse lo suficiente de aquel curso complementario de latín. Con tal inesperado contratiempo, el señor Claret decide que su hijo comience a trabajar en su propia fábrica, para irle iniciando en la industria textil.

3.3

3.4

Ahí está en pleno trabajo, a las órdenes de un obrero experto. Su lanzadera pasa y vuelve a pasar entre los hilos, sin descanso… El tejido va adelantando, hermoso y sólido. Al cabo de muy poco tiempo, gracias a su habilidad y destreza, es ya un técnico textil. Y mientras el latín se va borrando de su memoria, nuestro aprendiz cobra afición a su nueva tarea.

Antonio ha cumplido diecisiete años. Su padre no duda en confiarle la supervisión de todos los telares de la fábrica. Muy pronto, el señor Claret, consciente del talento y de la competencia de su hijo, decide enviarlo a Barcelona para hacerle seguir unos cursos de perfeccionamiento en la industria textil.

4.1

4.2

En Barcelona, Antonio se matricula en la Escuela Comercial “La Lonja”. El nuevo alumno sabrá aprovechar la ocasión que se le brinda para perfeccionarse en este ramo de la industria textil. Es un joven ambicioso que se ha propuesto llegar a ser un gran industrial. Con el fin de no limitar sus estudios a lo meramente teórico, se coloca como dibujante y técnico en una gran fábrica de tejidos de la ciudad.

Al cabo de algún tiempo, le proponen participar en la Sociedad de un importante complejo textil, cuya dirección técnica le había de ser confiada. Esto le anima y entusiasma enormemente. Llega a apoderarse de él una verdadera pasión. De día y de noche, gasta sus horas imaginando nuevos modelos y procedimientos revolucionarios.

 4.3

4.4

Es el mes de Agosto. En Barcelona, el calor es agobiante. Para descansar y respirar un poco de aire fresco, Antonio se dirige hacia la playa. Sentado sobre una roca, contempla el extenso y dilatado mar… Inesperadamente, a causa de un falso movimiento, resbala y cae en medio del oleaje. No sabiendo nadar, instintivamente invoca a la Santísima Virgen… Como por milagro, puede alcanzar la orilla encontrándose a salvo…

El domingo se levanta tarde. No obstante, deseoso de cumplir con el precepto de oír Misa, escoge la última. Durante el Santo Sacrificio, se agolpan en su imaginación los proyectos más audaces y tentadores: dibujos y descubrimientos técnicos… – “En la iglesia, – confesará él más tarde humorísticamente – tenía más máquinas en la cabeza que santos había en el altar”.

5.1

5.2

Sin embargo, este género de vida no le llena del todo. Le falta algo para colmar su dicha.. Un domingo, el predicador repite aquellas palabras del Evangelio: – “¿ De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?”. Este pensamiento le causa viva impresión… En el acto, todas aquellas máquinas y proyectos que giran febriles en su imaginación, se paran en seco, como las ruedas de un reloj que se acaba de romper.

Antonio, sin tardar, resuelve dirigirse al convento de los Padres del Oratorio. Un religioso venerable oye en silencio su decisión de consagrarse a Dios. – “¡Hijo mío, – le contesta el religioso – tu deseo es excelente y santo. Es el Señor quien te lo inspira!…” La conversación le llena de esperanza y consuelo…

5.3

5.4

Cierto día, llega su padre desde Sallent para hacerle una visita. Antonio aprovecha la ocasión para comunicarle su deseo de hacerse sacerdote. El señor Claret recibe la confidencia de su hijo, si no sorprendido, sí al menos, con un punto de amarga decepción. Cuando creía tocar ya con la mano el fruto de tantos sacrificios, aquella decisión de Antonio echa por tierra todos sus proyectos.

“¡Antonio, – le dice su padre – tú bien sabes la gran esperanza que representas para el porvenir de toda la familia… De todas formas eres ya un hombre y tienes derecho a decidir tu propio futuro. Piénsalo bien, Antonio, piénsalo bien… Pero, si Dios quiere que seas sacerdote, yo acepto su voluntad desde ahora, con todo mi corazón!”.

6.1

6.2

Después de cuatro años de estancia en Barcelona, Antonio vuelve a Sallent. Ya no hay dudas: “será sacerdote”. A finales de Septiembre, sale de camino para ingresar en el Seminario de Vich. Sus padres le acompañan. Quieren unirse a la decisión generosa de su hijo… En el trayecto, al pasar cerca del Santuario de Nuestra Señora de Montserrat, en fervorosa oración, piden la protección de la Madre de Dios para su hijo.

Así, a los veintiún años, Antonio comienza una nueva etapa de su vida. Allá, en Sallent y en Barcelona, los telares de las fábricas siguen tejiendo en febril competencia… Pero él, henchida su alma de gozo, por encontrarse en el camino del sacerdocio, se repite una y otra vez: – “¡Y después de todo: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si acaba por perder su alma!…?

6.3

6.4

“En la ciudad de Vich, la mayor parte de los seminaristas son externos. Antonio vive pensionado en casa de un cura párroco de la ciudad, llamado Don Fortunato. Pronto este sacerdote cae en la cuenta de la calidad del joven recién ingresado en su casa. El reglamento que Antonio se traza es severo… Parte de su tiempo, lo consagra a la oración y al estudio, sin descuidar el recreo.

Incluso en pleno invierno, con las calles cubiertas de nieve, no vacila en dirigirse a la iglesia más próxima, para hacer un cuarto de hora de adoración al Santísimo Sacramento. – “¡La devoción a la Sagrada Eucaristía – nos dice él mismo – la heredé de mis padres, así como la devoción a la Santísima Virgen!…”

 7.1

7.2

Ha llegado el invierno. Antonio cae enfermo con una fuerte gripe y el médico le manda guardar cama. Mientras su cuerpo tiembla de fiebre, se levantan en su imaginación un tropel de imágenes impuras. Como por instinto, para librarse de ellas, invoca a la Santísima Virgen y traza sobre sí la señal de la Cruz.

La Virgen viene en su ayuda… La contempla vestida de Reina, llevando en sus manos una corona de rosas. – “¡Antonio, – le dice la Santísima Virgen – si vences, esta corona será tuya!…” Antonio triunfa de la tentación y la paz vuelve a su alma.

7.3

7.4

Es un radiante día de primavera del año 1835. La Catedral de Vich, rebosante de fieles, centellea entre luces. Por la nave central avanzan los Diáconos. Van a ser ordenados Sacerdotes. Durante la ceremonia, la madre de Antonio se adelanta hacia el altar y une las manos consagradas de su hijo con una cinta de seda blanca.

Días después, la villa de Sallent está de fiesta. El Revdo. Don Antonio CLARET celebra solemnemente su primera Misa. A las nueve de la mañana, las campanas de la parroquia repican jubilosas. Don Fortunato asiste y concelebra con el nuevo sacerdote. Se siente orgulloso de haberle ayudado a recorrer las distintas etapas que lo llevaron hasta el sacerdocio…

8.1

8.2

En la iglesia, en lugar de preferencia se han colocado sus padres y hermanos. Los obreros de su fábrica están también presentes. Sus antiguos compañeros de estudio han venido expresamente de Barcelona para asociarse a la fiesta. Durante la santa Misa, su padre se emociona hasta las lágrimas… – “¡Qué alegría experimenta en este momento, al sentirse padre de un sacerdote!… ¡No cambiaría ese honor por todos los telares de Cataluña!…”

El señor Obispo de Vich nombra al nuevo sacerdote, primero Coadjutor, y luego Párroco de su propia ciudad natal. Con su hermana se instala en la casa rectoral. Todas las tardes visita a los enfermos. Muy pronto se gana el afecto de todos. La primera orden que recibe su hermana, es la de quitar de su cama el colchón de lana y reemplazarlo por un jergón de paja.

8.3

8.4

Los pobres son también sus amigos. A veces abusan de su bondad, pero eso le tiene sin cuidado… Un día vuelve a casa agotado por el cansancio. Apenas se sienta a comer, llaman a la puerta. Es una pobre mujer con dos niños, que pide una limosna. No duda un instante: los hace pasar y les sirve, él mismo, la comida que le acababan de preparar.

A pesar de todo, la Parroquia de Sallent, con su río, sus industrias textiles, y sus simpáticos habitantes, no acaban de llenar su gran corazón de apóstol. Los límites parroquiales son demasiado estrechos para su celo ardiente. Siente la llamada imperiosa hacia otros más dilatados campos de apostolado… Solicita de su Obispo autorización para ir a un país de Misión.

9.1

9.2

El Obispo, edificado por tanta generosidad y abnegación, le concede el permiso para ir a las Misiones Extranjeras. La noticia corre por la población como un reguero de pólvora. Los sallentinos sienten en el alma que su párroco se les marche. – “¡No hemos merecido – dicen – conservar entre nosotros un sacerdote tan bueno como él!…”

Un día de Septiembre de 1838, de madrugada, el Padre Claret – como le llamaremos desde ahora -parte hacia Roma. Marcha sólo, antes del alba, para evitar las manifestaciones de despedida de los últimos momentos… Hatillo en mano, se interna a pie, siguiendo los senderos de las montañas. El alma, llena de gozo, bendice a Dios por haberle permitido realizar su sueño: “ser Misionero”.

9.3

9.4

Camina absorto en estas reflexiones cuando, de pronto, oye un vozarrón que le sobresalta: – “¡Alto ahí!…” A unos cinco metros, de la espesura de un matorral surgen tres salteadores. Uno de ellos le apunta con su trabuco… Sorprendido por tan desagradable encuentro, el Padre Claret se esfuerza en no aparecer intimidado y perder su calma habitual.

– “¿Qué es lo que llevas en ese saco?” Sin esperar la respuesta, uno de los bandidos se apodera del hatillo. ¡Desilusión!… No encuentra dentro más que un Breviario y unas mudas para el viaje. ¡Poca cosa, por cierto!… Después de acosarle a preguntas, lo dejan en libertad. El padre Claret se apresura a alcanzar la aldea más cercana para ponerse a salvo…

10.1

10.2

Al cabo de siete días de camino, llega a la pintoresca ciudad de Marsella. Allí le informan que tiene que aguardar unos días la salida del barco que le conducirá a Italia. Durante su estancia en la capital de la Provenza francesa, emplea su tiempo en visitar las iglesias y en particular el santuario de Notre-Dame de la Carde, que domina la ciudad.

Apenas el barco deja atrás la ciudad de Marsella, se levanta un fuerte temporal. El “Tancredo” (nombre del barco) es zarandeado por las olas como una cáscara de nuez… El Padre Claret, haciendo frente a la borrasca, reza el rosario sentado sobre un rollo de cuerdas. Bruscamente, una enorme ola se abate sobre el puente del barco y lo deja empapado de pies a cabeza…

 10.3

10.4

Durante la travesía, la austeridad y el espíritu de sacrificio del futuro Misionero edifican a todos los pasajeros, y en especial a un rico inglés, que sigue el mismo camino hacia Italia. El bondadoso caballero se acerca al Padre Claret y le ofrece un puñado de monedas de plata… Tras cierta vacilación, acepta el regalo. Pero es para distribuirlo enseguida entre los pasajeros menos afortunados.

Apenas llegado a Roma comienza las gestiones para inscribirse en la Propagación de la Fe. Como el personal está de vacaciones, tiene que aguardar cerca de un mes. Para aprovechar el tiempo, hace unos días de retiro espiritual con los padres Jesuitas. Le aconsejan que entre en la Compañía de Jesús, así podrá realizar más fácilmente su deseo de ir a Misiones. Gozoso ante esta perspectiva, ingresa en el noviciado

 11.1  11.2

Pero la Divina Providencia tiene otros designios sobre él. A los cuatro meses de estar en el noviciado, experimenta unos dolores agudos en la pierna derecha. Lo trasladan a la enfermería y se estudia su caso. Lo cierto es que todas las medicinas que se le administran, resultan sin eficacia…

En una de sus visitas, el Padre General, que es un hombre de profunda y sobrenatural intuición, le dice: – “¡Padre Claret, vuelva usted a España. Es la voluntad de Dios!” Ante una decisión tan categórica, se somete y obedece. ¿Quiere el Señor contentarse con sólo su deseo de ser Misionero?… Hacia mediados de Marzo de 1840, lleno de resignación, abandona Roma y vuelve a España.

11.3

11.4

El Obispo de Vich, por su parte, se siente dichoso de volver a ver a este sacerdote que se ganó en otro tiempo su aprecio… Para alentar su vocación de Misionero, le encarga predicar en todas las parroquias de su diócesis. De esta manera, el 15 de Agosto de 1840, el Padre Claret inaugura, bajo los auspicios de la Virgen Santísima, la obra de: “Las Misiones Populares en las Parroquias”.

Nada le detiene: ni la lluvia, ni el calor, ni las dificultades del camino. Viaja a pie, con paso alerta y decidido… Lleva únicamente un hatillo en una mano y el Rosario en la otra. Para orientarse, echa mano de un mapa de Cataluña, con el cual mide las distancias entre las poblaciones y prevé los ratos de descanso.

12.1

 12.2

De todas partes acuden las multitudes ansiosas de escuchar la palabra de Dios. Muchas veces la iglesia resulta demasiado pequeña, y el Padre Claret tiene que predicar en la plaza pública, desde uno de los balcones. Muchas personas no dudan en hacer un recorrido de varios kilómetros para poder escuchar la predicación del Misionero…

Su ilimitada confianza en Dios hace que jamás lleve dinero consigo. Recuerda el consejo de Jesús a sus Apóstoles, cuando les aconseja viajar sin dinero ni provisión alguna. Sabe muy bien que el Señor no le abandonará. Con frecuencia, las personas que le encuentran en el camino, viéndole tan desprendido de las cosas de la tierra, le invitan generosamente a compartir su comida…

12.3

12.4

– “¿Señor cura, quiere usted confesar a mi borrico?…” El Padre Claret se detiene y le dice con toda naturalidad al vendedor ambulante que viaja con su pollino cargado de quincalla: – “¡Déjate de bromas!… ¡No es tu burro el que necesita confesarse; eres tú, que hace ya siete años que no te confiesas!”. Al verse descubierto, el arriero queda mudo de asombro. Luego, se arrodilla allí mismo y confiesa sus pecados…

Al final de una misión, en el año 1840, el Padre Claret convoca a todas las poblaciones situadas en los alrededores de la más alta montaña de Cataluña. Con ellas sube a la alta cumbre… Allá arriba, corona la montaña con la Cruz del Salvador. Para el campesino que trabaja en la llanura, para el pastor, para el viajero, la Cruz será siempre una viva llamada y recuerdo de las obligaciones de todo cristiano.

 13.1  13.3

El intrépido Misionero, de ordinario, pasa gran parte de la noche entregado a la oración, al estudio o confesando en la iglesia. Propaga intensamente la devoción hacia la Santísima Virgen y el rezo del santo rosario en familia. Por donde pasa, establece la Archicofradía del Inmaculado Corazón de María. Con la bendición de tan poderosa Intercesora logra las más sorprendentes conversiones…

La popularidad del Padre Claret pronto atraviesa las fronteras de Cataluña. El Obispo de las Islas Canarias, sabedor de su celo apostólico, le llama a misionar todos los pueblos de su extensa diócesis… Las Islas Canarias constituyen un grupo de siete islas, enmarcadas en el Océano Atlántico, al Sudoeste de Marruecos.

 13.3

13.4

El viajero encuentra en estas islas, volcanes adormecidos. Las montañas son extremadamente accidentadas y separadas entre sí por profundos barrancos. Según se sube hacia las cumbres la temperatura resulta fresca y hasta permite gozar por todas partes de una eterna primavera. Bandadas de canarios pueblan los bosques y alegran el paisaje.

Apenas desembarca en las Islas Canarias, el Padre Claret organiza una misión en Las Palmas, centro vital del archipiélago. Al mismo tiempo, llega también a la ciudad un circo gigante. Mientras las campanas de la Catedral de Las Palmas llaman a la Santa Misión, los “Payasos” desfilan por las calles invitando al público a un espectáculo “¡Nunca visto!”. A pesar de todo, la misión alcanza un éxito insospechado.

 14.1  14.2

Después de la misión de Las Palmas, el P. Claret emprende la predicación por todo el archipiélago, a ritmo acelerado… Viaja a pie, como en Cataluña. Uno puede imaginarse los sacrificios que supone caminar por aquellas montañas escarpadas, subiendo y bajando, entre barrancos y declives, bajo un sol abrasador…

Como siempre, florecen los prodigios a su paso. En cierta ocasión el Padre Claret interrumpe el sermón para decir: – “¡Hermanos, se encuentra entre vosotros una madre de familia que ha dejado en casa a su niño dormido junto al brasero. Que vaya corriendo antes que el niño muera abrasado!…”. Una mujer sale precipitadamente de la iglesia y llega a tiempo de salvar a su pequeño, cuya cuna empezaba a ser pasto de las llamas.

14.3

 14.4

 Cierto día, por aliviar la marcha de un corpulento religioso que le acompañaba en la misión, condescendió a montar sobre un camello. Cuando los vio llegar, la gente se miró decepcionada: – “¡Volvamos a casa!… ¡No es el Padre Claret quien nos viene a predicar, pues él hace los viajes a pie!”. Aquella buena gente no sospechaba que el “Padrito Misionero”, en tal circunstancia, prefería la caridad al sacrificio. Pronto, sin embargo, se percataron del hecho

– “¡Fuego!… ¡Fuego!…, – grita un desconocido entrando jadeante en la iglesia – ¡Hay un incendio en el pueblo!…” El Padre Claret adivina ser una trampa del diablo y tranquiliza a la gente: – “¡Tened calma, que no es verdad!… Que uno de vosotros vaya a localizar el incendio y luego iremos todos a apagarlo… Pero yo os aseguro que no será necesario!” El fuego no apareció por ninguna parte.

15.1

 15.2

No es extraño que, una vez terminada la misión, las gentes agradecidas salgan a despedirle varias horas de camino. Con frecuencia desde los balcones y ventanas arrojan a su paso una lluvia de pétalos de rosas. Hay ocasiones en que tiene que intervenir la fuerza pública para protegerle. Con los ojos bajos y humildes, el Misionero prosigue su oración entre las aclamaciones de la multitud…

Aquellos buenos canarios hubieran deseado que el “Padrito” se quedara para siempre con ellos. Por su parte el Padre Claret les había cobrado un gran cariño. – “¡Estos canarios me han robado el corazón!…”. Después de quince meses de incomparable apostolado en el Archipiélago, recibe orden de regresar a Cataluña.

 15.3  15.4

A fines del mes de Mayo de 1849, zarpa desde Las Palmas con destino a España. La niebla del Océano comienza a ocultar las orillas de Lanzarote, última isla por él evangelizada. Sobre la cubierta del barco, de cara al archipiélago, el P. Claret invoca la protección de Dios sobre todos los habitantes de aquellas islas “Afortunadas”… Una semana después desembarca en el puerto de Tarragona.

Cuando le consultan sobre el mejor modo de emplear el dinero, responde siempre invariablemente: – “¡Ayudar a la difusión de la prensa católica!… ¡Un buen libro puede hacer un bien inmenso!…” Todo el dinero que le ofrecen lo dedica a propagar la prensa católica. A este fin, él mismo funda la LIBRERÍA RELIGIOSA. En los nueve primeros años de funcionamiento, había impreso y difundido más de diez millones de libros y folletos…

16.1

16.2

Sin embargo, la obra de mayor relieve que lleva a cabo el Padre Claret es la fundación de la “CONGREGACIÓN DE MISIONEROS HIJOS DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA”. Desde hace muchos años está obsesionado por la idea de perpetuar su labor de Misionero. Se da cuenta de que es un hombre mortal y que a pesar de su celo desbordante, no puede llegar a todo. Por eso, confiando en la Providencia de Dios, decide poner en práctica su íntimo deseo.

Fecha memorable es el 16 de Julio de 1849. El Padre Claret se encuentra en una modesta celda del Seminario de Vich, con cinco sacerdotes, que desean unirse a él para colaborar con su proyecto apostólico. Después de invocar al Espíritu Santo y pedir la protección de la Reina de los Apóstoles, el Padre Claret toma la palabra y dice a sus compañeros: – “¡Hoy comenzamos una grande Obra!…”

16.3

16.4

Un mes más tarde, el Padre Claret es llamado por su superior, el señor Obispo de Vich. Éste le entrega dos cartas: una del Nuncio de Su Santidad, y la otra del Ministro de Su Majestad la Reina de España. Para su gran sorpresa, le nombran “Arzobispo de Santiago de Cuba”. A pesar de sus reiteradas renuncias, se ve obligado a aceptar.

El 6 de Octubre de 1850, recibe la Consagración episcopal, en la catedral de Vich. Don Fortunato asiste a la ceremonia, gozoso y conmovido, viendo a su antiguo seminarista revestido de tan alta dignidad. En esta ocasión solemne, el Arzobispo Claret añade el nombre de MARÍA al suyo de Antonio. Quiere demostrar, una vez más, el inmenso amor que profesa hacia la Santísima Virgen.

17.1

17.2

El 28 de Diciembre, es el día de la partida para su nueva residencia de Santiago de Cuba. En compañía de varios sacerdotes y religiosos, sube a bordo del velero “Nueva Teresa Cubana”. El muelle del puerto de Barcelona hierve de gente venida para despedirle. Cuando la sirena del barco anuncia la inminente salida del velero, la multitud cae de rodillas para recibir la bendición del “Arzobispo Misionero”.

En el barco, el Arzobispo transforma el ambiente en una verdadera comunidad fraterna. A la caída de la tarde se reza el Rosario. Siempre se termina con el canto del Trisagio: “¡Santo Dios!… ¡Santo Fuerte!… ¡Santo Inmortal!… ¡Líbranos, Señor, de todo mal!…” Mientras el balanceo del velero acuna a los pasajeros, el soplo de la brisa prolonga el eco de sus cánticos sobre la inmensa soledad del Atlántico…

17.3

17.4

Durante la travesía el celo apostólico del Arzobispo le lleva a predicar una misión a toda la tripulación y a los pasajeros del “Nueva Teresa Cubana”. Todos escuchan conmovidos las exhortaciones del Misionero. El recuerdo de aquella misión, quedará en la memoria de cada uno de los presentes, como uno de los más gratos recuerdos de su vida.

El 16 de Febrero por la mañana, ya se vislumbra, en la lejanía, la isla de Cuba. El Arzobispo invita a los pasajeros a cantar la “Salve Regina” en acción de gracias por la feliz travesía. Hacia el mediodía el barco hace su entrada en la bahía de Santiago. Toda la ciudad acude a recibir en triunfo a su Arzobispo. Acompañado de un magnífico cortejo, se dirige a la Catedral y toma posesión de su diócesis.

18.1

18.2

Cuba es la más grande de las Antillas. Estrecha y larga, tendida en el mar Caribe, parece un cocodrilo tostándose al sol… Con frecuencia es azotada por los huracanes y las marejadas. Su vegetación es sumamente rica y vigorosa. Entre sus productos de universal renombre, destacan el tabaco y la caña de azúcar.

La población es cosmopolita e indefinible: negros, amarillos, mestizos, blancos… Esta mezcla de razas y culturas no deja de complicar la actuación pastoral, en el plan misionero de evangelización… Pero, Monseñor Claret posee un temperamento que no se arredra ante las dificultades y los obstáculos.

18.3

18.4

Para dar comienzo a sus tareas apostólicas, va en peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, en la ciudad de Cobre, no lejos de Santiago. En medio de un anfiteatro de altas montañas, en el corazón mismo de Sierra Maestra, el fervor del pueblo cubano levantó este magnífico santuario. Al finalizar la santa Misa, el Arzobispo consagra a la Santísima Virgen su difícil ministerio.

Comienza predicando una Misión General en la ciudad de Santiago, la capital de su diócesis. Durante cuarenta días predica sin descanso. Es una misión que dejará gratísimo recuerdo en el ánimo del Arzobispo Misionero. – “¡Era maravilloso – dice – ver juntos, escuchando la palabra de Dios, al rico colono y al sencillo trabajador; a la noble dama y a la humilde criada, hermanados en la verdadera caridad! “.

19.1

19.2

Terminada la misión en la Capital, se dispone a recorrer todos y cada uno de los pueblos de su diócesis. Para ayudarle en esta empresa apostólica escoge un equipo de celosos Misioneros. Hoy cabalga escuchando la canción de la brisa marina. Mañana se enfrentará a los embates del huracán que silba a 1.500 metros de altura. Sus labios murmuran sin cesar esta plegaria: – “¡Señor, dadme almas!… ¡Lo demás, qué importa!…”

¿Le sorprende la noche ?… Acampa junto a un árbol, descansando en el suelo, bajo el cielo cubierto de parpadeantes estrellas. La vida del Misionero es así… A la mañana siguiente, mientras las estrellas se esconden tras la bóveda del cielo, ya está de rodillas, rezando… Después de algunos preparativos, se pone de nuevo en camino con su equipo de esforzados colaboradores.

19.3

19.4

Un día, fatigados por el largo camino, se detienen a la sombra de un bosque, para descansar un poco… Es la hora del almuerzo… El Arzobispo y sus compañeros recogen leña y se disponen a preparar la comida. Colocan el puchero sobre el fuego. Cuando menos lo piensan, el puchero da media vuelta, derramando en el suelo todo su contenido… ¡Paciencia!… El percance les sirve de entretenida conversación.

Cuando llegan a una parroquia, se entregan a un trabajo agotador de evangelización. La misión suele durar quince o veinte días, según lo requieren las necesidades. Comienzan por lo más urgente: legalizar los matrimonios que se hallan en situación irregular, preparar a los niños y adultos, para recibir la Sagrada Comunión y el sacramento de la Confirmación.

20.1

20.2

El Arzobispo Claret es un espíritu práctico. Funda, en las parroquias, instituciones religiosas y sociales, para niños, jóvenes y adultos. – “¡Hay que arrancar a los jóvenes – dice – del abandono y de la ociosidad. Es la mejor manera para poder hacer de ellos ciudadanos honrados y buenos cristianos!”. No vacila en gastar cuantiosas sumas de dinero, en fundar Escuelas Técnicas y Agrícolas.

Organiza cooperativas y la Caja de Ahorros. Él mismo redacta el reglamento. Crea las bibliotecas populares… Funda Asilos, que sean el refugio de los ancianos pobres. Es sorprendente el cambio que logra con estos métodos: evangelizando pero también humanizando… El mismo gobierno español le manifiesta oficialmente su admiración y gratitud.

20.3

20.4

Su espíritu de caridad le impulsa a protestar contra los abusos, discriminaciones y malos tratos de que son objeto, a veces, las gentes de color. Un día reprende a un rico propietario que maltrata a algunos de los colonos de color que trabajan en su hacienda. Viendo que aquel hombre no está dispuesto a cambiar de conducta, el Arzobispo intenta dárselo a entender de manera suave y gentil…

Toma dos trozos de papel, uno blanco y otro negro. Les prende fuego, y pulveriza las cenizas… – “¡Señor, – le dice al propietario, un poco desconcertado por lo que está viendo – ¿me podría decir qué diferencia hay entre las cenizas de estos dos papeles?… Pues mire, ante Dios, todos somos iguales. Para Él no hay ni blanco ni negro. Lo que importa no es el color de la piel, sino el color del alma!…”

21.1

21.2

Más de una vez, durante sus sermones, deja escapar esta predicción: – “¡Muy pronto vendrán grandes terremotos, que dejarán al país desolado. Dios se porta con nosotros como una madre con sus hijos perezosos, que no quieren levantarse de la cama a tiempo… Para impedir que sigamos durmiendo y sacarnos de nuestra pereza espiritual, nos va a sacudir violentamente!…”

No mucho tiempo después, fuertes terremotos sacuden toda la isla. El agudo instinto de los animales, lo predice y señala. Los caballos se quedan como clavados en tierra, sin que valga el latido o la espuela para hacerles dar un paso. Los perros ladran siniestramente. Los pájaros, inquietos y asustados, lanzan al aire sus chillidos penetrantes. De pronto, se oye un fragor subterráneo… Es el signo precursor de la catástrofe.

21.3

21.4

En medio del cataclismo, el Arzobispo regresa inmediatamente a Santiago… Apenas cesa el terremoto otro azote, mucho más terrible, se abate sobre la isla: “el cólera…” Los hospitales se llenan de enfermos. El Arzobispo recorre las salas, desde la mañana a la noche, confortando a los enfermos y auxiliando a los moribundos.

Testigo de semejante heroísmo, todo el pueblo de Cuba proclama unánimemente las virtudes y la santidad de su Arzobispo. Apenas circula el rumor de su llegada a una población, levantan arcos de triunfo para recibirlo. Las autoridades, con una escolta de jinetes, salen a su encuentro para acompañar al Arzobispo hasta llegar a la iglesia del lugar…

22.1

22.2

Sin embargo, la envidia y el odio se levantan contra él… En la iglesia de la ciudad de Holguín, gran cantidad de fieles escuchan la predicación de su Arzobispo. Al terminar la función, la gente se agolpa para besarle el anillo y recibir su bendición. Un desconocido, de aspecto sospechoso, se desliza entre la multitud y llega hasta el Prelado, con ademán de querer besarle el anillo…

De repente, esgrime una navaja de afeitar y le descarga un feroz golpe a la garganta. El Arzobispo apenas tiene tiempo de echar la cabeza hacia atrás… La navaja le desgarra la cara, ocasionándole una profunda herida, desde la oreja hasta la barba. La sangre brota a borbotones… El Arzopispo, más que de sí mismo, se preocupa de librar al asesino del furor de las gentes. Extenuado por la abundante hemorragia, se desvanece y cae al suelo…

22.3

22.4

Tras un mes de convalecencia, el Arzobispo vuelve de nuevo a su trabajo. Los médicos le aconsejan, en vano, que se tome el tiempo necesario para quedar completamente restablecido… Con su amable y habitual sonrisa les responde: – “¡Gracias amigos, por el interés que me demuestran!… ¡No se preocupen!… ¡Soy como un perrito que apenas corre un poco, saca la lengua, pero no se fatiga nunca!”

Sin tregua ni descanso, el Arzobispo, acompañado de sus fieles compañeros, recorre misionando todas las Parroquias de su diócesis. Va dejando en pos de sí, un enorme reguero de propaganda. En un año, ha distribuido, gratuitamente, más de 80.000 libros; 100.000 imágenes y estampas; 50.000 rosarios… Al cabo de unos años, el cambio en la moral y costumbres ha sido tan sorprendente que, con toda verdad, Cuba puede ser llamada: “La Perla de las Antillas”.

23.1

23.2

Sin embargo, la obra de más trascendencia que lleva a cabo, durante su estancia en la isla de Cuba, es la fundación del “Instituto de Religiosas de María Inmaculada para la Enseñanza”. Como su nombre lo indica, se dedican especialmente al apostolado de la enseñanza y a la formación cristiana de la juventud. Al frente coloca, como superiora, a la joven Antonia PARÍS.

Después de seis años de trabajo incansable y de intenso apostolado, recibe un mensaje del Nuncio de Su Santidad, rogándole que regrese a Madrid… Se trata de reemplazar al Arzobispo de Toledo, en el cargo de confesor y director espiritual de la Reina de España, Isabel II. La noticia produce verdadera consternación en toda la Isla.

23.3

23.4

En Madrid, comienza las tareas de su nuevo ministerio, con el celo y la discreción que le caracterizan. – “¡Este es el confesor que yo esperaba!…” – exclama la reina. El Arzobispo sólo va a Palacio para cumplir estrictamente las obligaciones de su cargo: confesar a la reina y dar catecismo a los Infantes. Fuera de esas ocupaciones indispensables, jamás se le ve en los regios salones de la Corte…

En la capital de España, reemprende sus actividades misioneras. Su elocuencia sencilla y persuasiva, entusiasma al pueblo y atrae a las clases cultas de Madrid. Su popularidad crece de día en día. Pero con ella aumenta también la envidia y el odio de los enemigos de las instituciones católicas de la nación. Llegan a inventar una verdadera “Leyenda negra” para desacreditar la fama del Arzobispo..

24.1

24.2

Una tras otra, las diferentes capitales de provincia reciben la visita de Isabel II. En calidad de alto dignatario de la Corte, el Arzobispo forma parte del cortejo real… Mientras la reina toma parte en fastuosas recepciones, su confesor emplea el tiempo predicando en las iglesias y conventos. Así recorre, durante ocho años, casi toda España, dejando en pos de sí una estela de renovación y santidad.

Dios le recompensa y bendice a manos llenas con gracias extraordinarias: con el don de profecía y de hacer milagros. Cuando celebra la santa Misa, los asistentes se quedan impresionados de su fervor y recogimiento. Más de una vez, durante el Santo Sacrificio, en la Capilla del Palacio Real, le han visto en éxtasis, irradiando una aureola de luz… Así lo declara solemnemente la misma Reina.

24.3

24.4

Una noche de Navidad, mientras está dando gracias después de celebrar la Misa de la aurora, se le aparece la Santísima Virgen y deposita en sus brazos al Niño Jesús. Su alma queda inundada de un gozo celestial… Durante toda su vida conservará el más delicioso recuerdo de aquella Noche Navideña. La Virgen le había hecho: “¡El mejor regalo de Navidad!”

El Señor le otorgó otro favor, más extraordinario. Nos lo dice él mismo: – “El 26 de Agosto de 1861, hallándome en oración en la iglesia del Rosario en La Granja, a las siete de la tarde, Dios me concedió la inmensa gracia de tener siempre, día y noche, el Santísimo Sacramento en el pecho, y de conservarlo de una Comunión a otra”. Privilegio incomparable que le transforma en Sagrario Viviente.

25.1

25.2

Todo el esfuerzo y celo apostólico que despliega, no obtienen la respuesta merecida. Un día advierte a su secretario: – “¡Dios está irritado contra España. Dentro de poco, la Reina perderá el trono!…” Efectivamente, el 18 de Septiembre de 1868, la Reina Isabel II, se ve obligada a refugiarse precipitadamente en Francia. Su confesor, aconsejado por el Papa, acompaña a la Real Familia hasta París.

En la Capital Francesa, mientras la reina y su familia se alojan en suntuosa residencia, el Arzobispo se hospeda en el Colegio de San Luis, de la calle Monceau. Allí ejercita su ministerio y celebra diariamente la santa Misa. Con frecuencia se acerca a visitar el Santuario de Nuestra Señora de las Victorias, sede de la Archicofradía del Inmaculado Corazón de María.

25.3

25.4

Seis meses después, se anuncia oficialmente la apertura del “Concilio Vaticano Primero”. Los Obispos de todo el mundo se ponen en camino hacia Roma. El Arzobispo Claret participa activamente en los trabajos conciliares. Su intervención en pleno Concilio, defendiendo la Infalibilidad Pontificia, ha pasado a la Historia. El es el “Santo del Concilio Vaticano Primero”.

Llega el mes de Mayo de 1870. En Roma el calor es sofocante… Un día se le declara un principio de congestión cerebral. Los médicos le aconsejan un clima más templado. El enfermo decide volver a Francia. Escoge para su convalecencia la pequeña ciudad de Prades, en los Pirineos Orientales. Allí se han refugiado sus queridos Misioneros, que la Revolución ha expulsado de España.

 

En aquel apacible rincón de Francia, con los aires del monte Canigó y los amorosos cuidados de los Misioneros, su salud mejora sensiblemente. De cuando en cuando da un corto paseo, apoyándose en un bastón. Su mirada y su corazón vuelan, con frecuencia, por encima de las montañas, hacia su querida España. No se imagina el bondadoso Arzobispo que, en aquellos momentos, una banda de revolucionarios atraviesa la frontera, para apoderarse de él.

El día 3 de Octubre, fuertes golpes resuenan en la puerta del Convento de los Misioneros de Prades, sobresaltando a la Comunidad… – ” ¿Qué es lo que acontece?…” Un buen vecino, amigo de la Comunidad, llega a toda prisa y avisa al Padre Superior, para que pongan a salvo la vida del Arzobispo… Acaba de llegar de España un grupo de revolucionarios y se hallan de camino.

A toda prisa se le busca una nueva residencia… Al amparo de la noche, acompañado por el Superior de la Comunidad, sale hacia un lugar desconocido. Toma asiento en un modesto carruaje. ¿Quién lo podría reconocer?… Viste una sotana negra y no lleva otro equipaje que el famoso pañuelo de cuadros de su época misionera, cuando recorría a pie los caminos de Canarias y Cataluña.

El caballo lleva un trote menudo. ¡Es preciso darse prisa!… Sólo el canto monótono de los grillos rompe el silencio de la campiña. El claror de la pálida luna, ilumina el camino solitario. En los labios del Arzobispo florece constantemente esta plegaria: – ” ¡Bendito y alabado sea Dios!…” De repente, el carruaje se para. El caballo ha topado con una muralla de granito… – ¿Dónde estamos?…

¡En Fontfroide!… No lejos de la ciudad de Narbona, se halla un valle solitario, donde el agua de un torrente salta en cascada y serpentea entre los pinos. En lo hondo del valle una Abadía Cisterciense sirve de refugio a una Comunidad de Monjes que reparten su vida entre el rezo y el trabajo. Es medianoche, cuando el portero del Monasterio abre la puerta al fugitivo…

Hace sólo unas horas, el Reverendo Padre Abad ha reunido a la Comunidad para anunciarle la llegada del ilustre huésped… En este oasis de paz, el Arzobispo se siente al abrigo de la tormenta y confía descansar tranquilo. Los religiosos lo tratan con el mayor cariño y se desviven por él. El abnegado y bondadoso Hermano Teódulo, cocinero del Monasterio, le prepara tisanas con hierbas aromáticas…

La paz del claustro y el aire perfumado con la resina de los pinos reaniman las energías del enfermo. Infelizmente, la calma dura poco tiempo… Los revolucionarios se han enterado de que el Arzobispo se halla en la Abadía de Fontfroide y pretenden apoderarse de él, por la fuerza. El Padre Abad repite con energía: – “¡Que vengan, si quieren… Al Arzobispo no se lo llevarán… Yo le he ofrecido hospitalidad y no consentiré que me lo saquen de aquí!…”

Los periódicos de la región esparcen la noticia… Unos admiran la conducta del Arzobispo, que quiere vivir retirado y descansar en la soledad. Otros siguen atribuyéndole insidiosas maquinaciones para restablecer la monarquía en España. En este intervalo, una nueva congestión cerebral pone en inminente peligro su vida…

 El Padre Abad llama con urgencia a dos médicos… – “¡Hay dos médicos, que hoy están de paso! – le dice el Abad al enfermo – ¿No cree V.E. que sería conveniente que le visitaran?” – “¡Está bien!… Pero antes deseo recibir al “Médico que cura el alma”. ¡Permitidme recibir los Sacramentos!….” A partir de ese momento, se abisma en Dios… – “¡Jesús mío – repite – quiero morir en tu compañía!…” Como una lámpara vacilante se va apagando poco a poco…

En la mañana del 24 de Octubre de 1870, muere este intrépido Arzobispo Misionero. Y muere como él mismo había deseado siempre morir: “¡Sin pecados, sin deudas y sin dinero!”. Rodeado de sus Misioneros y de los Religiosos de la Abadía, con el Crucifijo en las manos, cierra los ojos a las cosas de este mundo, para recibir la corona de gloria que Dios promete a los que le sirven con fidelidad…

En la iglesia de la Abadía de Fontfroide, se celebran con toda solemnidad las honras fúnebres. Durante toda la ceremonia, los Religiosos ven, sorprendidos, una misteriosa avecilla que revolotea acompañando con sus trinos el canto de los monjes… Permanece en silencio mientras el celebrante recita las oraciones. Acabadas las exequias, la avecilla desaparece.

Sencillamente, como un humilde religioso, el Arzobispo CLARET descansa de sus fatigas misioneras en el recinto del Monasterio. Sobre su tumba, un modesto epitafio, enmarcado entre dos cipreses, dice así: “Aquí descansa el Arzobispo Antonio-María CLARET, nacido en España y muerto en el destierro, en este monasterio de Fontfroide”. “Amé la justicia y odié la iniquidad; por eso muero en el destierro”.

Cuando volvió a renacer la calma en España, el cuerpo del Arzobispo es trasladado a Vich, donde fundó su Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Este acontecimiento despertó gran entusiasmo en toda la región… Las gentes acudieron en masa, a venerar las reliquias del santo apóstol que les había enseñado, con tanto empeño, el camino del cielo.

El 7 de Mayo de 1950, el Papa Pió XII lo proclama SANTO. Su imagen aparece en la “Gloria de Bernini” a la veneración del mundo entero. Las campanas de la Basílica de San Pedro repican alegres… Su potente voz, anuncia por doquier, a los habitantes de España, de las Islas Canarias y a los “Ranchos” de la Perla de las Antillas, que hoy la Santa Iglesia proclama la santidad de su “Padrecito”..

En 1962, Su Santidad Juan XXIII inscribe su Fiesta en el calendario de la Iglesia Universal: el día 24 de Octubre. Hoy día, todos los admiradores del santo Arzobispo, pueden contemplar y venerar su cuerpo, encerrado en una urna de plata, en la basílica que lleva su nombre. En la ciudad de Vich, su sepulcro es meta y centro de frecuentes peregrinaciones.

Ahora, ya conoces algo de la Vida de San Antonio María Claret. Este gran apóstol y misionero, con su ejemplo, te invita a ser también apóstol y a dar testimonio de Cristo con tus obras. Antes de cerrar estas páginas, no te olvides de dirigirle una breve y ferviente oración: “¡San Antonio-María Claret, comunicadme vuestro amor hacia la Sagrada Eucaristía y al Inmaculado Corazón de María!”