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Río Orinoco 2017-10-03T14:06:44+00:00
➜ Pastoral ➜ Proyecto Delta Misión y Visión · Objetivo . Alcance . Normas . Comunicaciones . Continuidad . Nivel de compromiso . Logros . Crédito . Testimonios . Río Orinoco

Nuestros hermanos deltanos nos recibieron como de costumbre, con los brazos abiertos y el amor en sus ojos, llenándonos de emoción.

Llegamos a su población, Los Manacales, con la ayuda de la “Negra”, anfitriona por excelencia, quien de inmediato nos hizo sentir como en nuestra casa, brindándonos todos su apoyo, dando en todo momento solución a lo que para nosotros representara un problema.

Fue hermoso compartir con personas tan íntegras, colaboradoras y amigables. Nosotros, tanto los que llegamos como los que nos recibieron: niños, jóvenes y adultos; compartimos momentos muy agradables, placenteros, sintiéndonos como hermanos, y considerando muy corto el tiempo de convivencia. Aprendimos que el Orinoco es muy amplio, donde caben diferentes animales acuáticos, algunos de los cuales nos sirvieron de alimento. Aprendimos que las frutas más ricas se encuentran en el camino sin necesidad de dirigirnos a lugares especiales para comprarlas. Aprendimos que los mejores amigos los podemos conseguir entre sus habitantes.

Aprendimos que cada día es una bendición porque Dios y el Padre Claret nos han invitado a convivir con personas tan especiales que no piden sino que dan generosamente lo poco que tienen.

LIGIA COBEÑA

Por primera vez, tuve la grata experiencia de ir a las misiones en el Delta Amacuro. Fue algo maravilloso, enriquecedor con una convivencia y conocimiento humano que nos llena el alma y nos hace crecer como personas. Tanto en Piacoa, donde estuvo todo el grupo compartiendo también con misioneros españoles, como en el Consejo, que fue donde estuvo con mi grupo de 13 personas. El comportamiento de los muchachos fue muy gratificante, en grupos armoniosos y muy dedicados al trabajo, al mismo tiempo que disfrutaron al máximo, junto a los pobladores que conocimos y tuvimos la oportunidad de tratar. En los pocos días de convivencia con estas maravillosas personas, nos dimos cuenta de su riqueza interior, no tienen malicia ni envidia para los que llegan. Nos regalaron cada día su sonrisa, su cariño desinteresado, lo poco que tienen lo compartieron con nosotros.

Quiero hacer mención especial al trabajo desinteresado y extenuante de los odontólogos, “Chechi” y Augusto y la médico María Elena de Isea, se portaron a la altura, atendiendo a los pobladores hasta que fuera necesario, con una mística y profesionalidad que quisieran tener muchos.

Uno regresa con ganas de volver, de hacer mucho más la próxima vez y dándole gracias a Dios y a la Virgen por darnos esta oportunidad.

“Mamá Sonia”, la única viejita que estuvo en El Consejo, que quedó encantada con el comportamiento de todos y cada uno de los jóvenes y adultos con las que me tocó compartir.