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Biografía del Padre Claret 2017-10-03T13:55:47+00:00

San Antonio María Claret nace el 23 de diciembre del 1807 en el pueblo de Sallent, a 51 kilómetros de Barcelona. Para los que no tienen ni idea de esta población, diremos que es una villa trabajadora de unos 2.000 habitantes, esencialmente textil, donde precisamente el padre de Antonio tenía una pequeña fábrica de tejidos.

Sus primeros estudios los hizo en el mismo Sallent, reforzados por clases particulares. Ya desde muy joven, como era costumbre en aquellos tiempos, empezó a trabajar de tejedor, demostrando una capacidad precoz en este ramo. Como que tenía mucha facilidad para el dibujo, hizo innovaciones en los telares y en la belleza de los dibujos. Sus padres, al comprobar las cualidades que demostraba su hijo, lo enviaron a Barcelona a la edad de 18 años, con el fin de perfeccionarse en la fabricación.

Empieza en la fábrica de tejidos “Dels Vigantans”, ganando tres premios en dibujo e incluso saliendo en la prensa de la Ciudad Condal. Ya antes de terminar los estudios, los empresarios se lo disputan para trabajar con él, e incluso querían formar compañías junto con la de su padre. Pero a Antonio, esta forma de vida no le acaba de complacer. Leemos en su autobiografía: “El continuo pensar en máquinas y talleres me tenía agotado. Me acordé de aquellas palabras del Evangelio que leía de muy niño: “¿De qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si finalmente pierde su alma?”. Esta sentencia me causó profunda impresión. Fue una saeta que me hirió en el corazón”. San Antonio María Claret llega incluso a escribir que “cuando iba a Misa, tenía más máquinas textiles en la cabeza que santos en los altares”.

Abandona Barcelona y se dirige a Sallent para comunicar a su familia su decisión de hacerse religioso.

Entra en el seminario de Vic el 29 de septiembre de 1829, a la edad de 21 años, pero al concluir su primer año de estudios, decide abandonar el centro para hacerse cartujano. Así, se dirige a la Cartuja de Montalegre, entre los pueblos de Montgat y Tiana, en la comarca del Maresme (Barcelona), pero una fuerte tempestad le impide llegar. Vuelve al seminario de Vic, un centro de buen nivel intelectual en aquella época, donde comparte estudios con Jaume Balmes y otros compañeros que, como él, después serían obispos o sacerdotes ilustrados. Antonio cultiva seriamente la ciencia y la virtud: resiste pruebas, tentaciones… Es ordenado de sacerdote en 1835, un año conocido por los incendios de conventos, monasterios y muy pronto de la supresión de órdenes religiosas.

Después de una breve experiencia sacerdotal prefiere dedicarse a la predicación y se dirige a Roma con la idea de ingresar en la “Congregación de la Propagación de la Fe, pero cuando llega a la capital italiana, se encuentra que el prefecto de la orden está de vacaciones y no le puede recibir hasta el cabo de un mes.

¿Qué hace nuestro amigo Antonio?, pues aprovecha este mes de espera para realizar unos ejercicios espirituales con los padres jesuitas. En su autobiografía podemos leer: “Al final de los ejercicios, el director me sugiere: “Ya que Dios nuestro Señor le llama las misiones extranjeras, mejor sería que usted se agregara a la Compañía de Jesús; por medio de ella sería enviado y acompañado; que andar solo es cosa muy expuesta”. Yo le contesté que para mi bien conocía que sería mejor; pero: “¿Qué hago yo para que la Compañía me admita?”. Por manera que, de la noche a la mañana me hallé jesuita. Cuando me contemplaba vestido de la santa sotana de la Compañía, casi ni acertaba a creer lo que veía, me parecía un sueño, un encanto. Me hallaba yo muy contento en el noviciado, estando siempre ocupado. El 2 de febrero de 1840, a los cuatro meses de haber entrado, empezamos los ejercicios de San Ignacio que duraron un mes. Yo los empecé con muchísimo gusto y con grandes deseos de aprovecharme de ellos.

Así iba siguiendo y adelantando, cuando he aquí que, un día, me vino un dolor tan grande en la pierna derecha que no podía caminar. Se aplican los remedios inmediatos, pero el mal persiste. Después de realizar el oportuno discernimiento, el padre Roothaan, me dijo sin titubear: “Es voluntad de Dios que usted vaya pronto, pronto a España, no tenga miedo; ánimo”.

Claret, a sus 33 años, deja la Compañía de Jesús y vuelve a España donde sería designado como sacerdote Regente del pueblo de Viladrau (Barcelona) en el macizo del Montseny. Allí va ampliando sus predicaciones y visita enfermos, inválidos… Incluso se dedica a curar enfermos gracias a remedios naturales que él mismo aprendió de un famoso herbolario de Barcelona. Después de un tiempo en Viladrau, recorre diferentes pueblos de las comarcas de Catalunya para predicar. Lleva una vida muy austera, en su autobiografía, él mismo explica que “Dinero nunca llevaba, ni quería. Un día tuve una alarma. Me metí la mano en el zurrón del chaleco y creí hallar una moneda; me espanté, la saqué, la miré y con grande consuelo vi que no era una moneda, sino una medalla. Volví de la muerte a la vida.

Tan grande era el horror que tenía el dinero. Su vida de predicación la describe así: “Siempre estuve andando de población en población. Andaba solo y a pie. Tenía un mapa de Catalunya forrado de lienzo que traía plegado, y por el mapa me llevaba, medía las distancias y marcaba las posadas. Por la mañana hacía cinco horas de viaje y otras cinco por la tarde, a veces con lluvia, otras veces con nieve, y en verano con soles abrasadores”.

La jornada misionera de nuestro amigo Antonio María Claret empieza a las cinco de la mañana, confiesa, predica, visita a enfermos y a los necesitados, al pueblo en general…

Pero no sólo predicaría en Catalunya, también lo haría en Las Palmas de Gran Canaria en abril de 1849, allí las multitudes de desbordan, las iglesias son insuficientes para contener a los que quieren escuchar sus palabras, viéndose obligado a predicar en plazas públicas o a las orillas del mar.

Ya de regreso a Catalunya, San Antonio María Claret se da cuenta que para predicar y evangelizar, hay que buscar otros medios, que con la palabra hablada no es suficiente. Hace falta la palabra escrita: funda la Editorial Librería Religiosa (hoy conocida como Editorial Claret). Se distribuyen millones de estampas escritas, folletos, libros… Con la intención de promocionar y preparar a misioneros que vivan en comunidad, el 16 de julio de 1849, funda junto a sus colaboradores la Congregación de Misioneros de Corazón de María (hoy llamados Claretianos). En un principio nace como asociación sacerdotal cuyos miembros viven en comunidad y se entregan a la evangelización itinerante. Con el paso de los años se transformará en instituto canónico de vida consagrada (no necesariamente sacerdotes) y con la aceptación de los tres votos: pobreza, celibato y castidad.

Claret: Arzobispo de Santiago de Cuba

En 1849 Claret recibe el nombramiento de Arzobispo de Santiago de Cuba (entonces Cuba era una colonia española), decisión que asusta al santo, al menos así lo escribe en su autobiografía: “Espantado del nombramiento, no quise aceptar por considerarme indigno e incapaz de tan grande dignidad; por no tener ni la ciencia ni las virtudes necesarias; y, reflexionando después más detenidamente, pensé que, aunque tuviese ciencia y virtud, no debía abandonar la Librería Religiosa y la Congregación que acababa de nacer”. Por mucho que Antonio quisiera quedarse en España, al final tuvo que obedecer. La ceremonia de consagración como obispo se hizo en Vic el 6 de octubre de 1850, curiosamente día de la onomástica de San Bruno, fundador de la Orden Cartujana, aquella primera congregación en la que pensó pertenecer. Dos días después, el ya monseñor Claret acude a Madrid para realizar los trámites burocráticos y recibir el palio (recuerda que en este caso, el palio es una especie de tela, parecida a una “bufanda” que identifica a un obispo, arzobispo o Papa). El 22 de octubre de 1850 la Reina le concede la gran Cruz de Isabel la Católica; pero curiosamente Antonio María Claret se va sin haber pagado los 3.000 reales que se requieren para tener esta distinción. A él le parece un delito gastar tanta cantidad de dinero cuando ahorra avaramente para socorrer a los pobres y regalar libros. Parece que un devoto madrileño pagó dicha cantidad por él. Otro dato curioso, el 27 de aquel mismo mes, llegó tarde a una audiencia con la familia real española porque estaba predicando en la Iglesia de los Italianos de Madrid!.

El 28 de diciembre de 1850 embarca junto a trece colaboradores rumbo a Cuba desde el puerto de Barcelona. Durante siete años, Claret a parte de misionar y predicar, lucha contra el tráfico de esclavos, denuncia los abusos de ciertas autoridades coloniales, lucha para hacer una sociedad más justa, ayuda a los pobres y a los más necesitados… Y por lo que se refiere a temas relacionados con la Iglesia, es el precursor de los cursos de renovación y formación permanente: allí donde hay dos o más sacerdotes establece tres conferencias cada semana; todos los sacerdotes han de pasar todos los años un mes en el seminario cursando algunos estudios… y establece, entre otras cosas, que todos los sacerdotes cubanos realicen ejercicios espirituales de diez días. Claret es también un gran conocedor y devoto de la Sagrada Escritura, hasta tal punto que regala un ejemplar a cada uno de los sacerdotes de su diócesis de Santiago de Cuba.

 Fundación de la caja de ahorros

Lo más curioso de Claret en su estancia en Cuba es que ¡funda una especie de Cajas de Ahorros! Lo escribe así el propio santo es su autobiografía: “Para los pobres compré una hacienda en la ciudad de Puerto Príncipe. El plan de esta obra era recoger a los niños y niñas pobres, que muchos de ellos se pierden por las calles pidiendo limosna. Allí se les había de enseñar religión, leer, escribir, etc, y después, arte u oficio, el que quisieren. Una hora no más cada día, los niños habían de trabajar en la hacienda y con esto se podían mantener con las viandas que producía la misma hacienda; y todo lo demás que ganasen se había de echar en la Caja de Ahorros. De manera que, cuando saliesen de aquella casa, habían de tener instrucción y además habían de haber aprendido algún arte u oficio, y se les había de entregar lo que ellos hubiesen ganado”. Es por ese motivo, que Antonio María Claret es el protector de las Cajas de Ahorro.

Claret es nombrado asesor de la reina

La voz de denuncia que impartía nuestro amigo le llevó a sufrir diferentes atentados. Rápidamente le llaman para que vuelva a España, y más concretamente a Madrid, para hacer de guía moral y espiritual de la Reina Isabel II y de su corte. Es el momento que funda la Academia de San Miguel, una organización de seglares que aglutina a escritores, artistas y personas que se comprometen a encarnar los valores evangélicos, y proyecta también el Ejército del Corazón de María. Claret trabaja igualmente en el proyecto de construcción de las bibliotecas populares parroquiales. Pero por encima de todo, su máxima dedicación en Madrid, fue para los más pobres, que visitaban su casa diariamente. Así, el 1 de octubre de 1857, escribe en su autobiografía: “La multitud de pobres me comen vivo. Por la tarde y noche, me ocupo de visitar a los enfermos, presos u otros establecimientos de caridad”. Incluso vende su pectoral de plata (crucifijo que llevan los obispos en el pecho) para poder socorrer a un hombre enfermo.

Muchos vecinos de Madrid, le daban dinero para que pudiera ayudar a los más necesitados. Procura que la Reina y las infantas se acerquen a ellos, las acompaña a visitar instituciones benéficas e incluso pide a diferentes comunidades religiosas que vendan los vasos sagrados si fuera necesario para atender a los enfermos. Tiene un especial aprecio a aquellas instituciones religiosas destinadas a la caridad: las Carmelitas de la Caridad, la Religiosas de María Inmaculada, las Adoratrices o las Conferencias de San Vicente de Paul. Acompaña a la Reina en todos los viajes que realiza por España. Unos viajes que Antonio aprovecha para predicar en todas la ciudades. Para él, aquellos, eran “viajes misioneros”. En agosto de 1859 es nombrado Presidente del Escorial; repara los desperfectos de aquel edificio y lo dota con los medios pedagógicos y bibliográficos más modernos con una biblioteca de 6.500 libros. Su meta es convertirlo en un centro que sirva como modelo para que se formen grandes sacerdotes y seglares. También funda en El Escorial, una comunidad de sacerdotes que viven bajo la regla de San Agustín. Como dato curioso, proyecta la construcción de una catedral para Madrid, pero los políticos le destruyen su plan.

Claret perseguido

Pero Claret también tiene sus perseguidores, los intentos de asesinato son reiterados, ya que según sus detractores, actúa de manera determinante en política como asesor de la reina. Era entre los años 1868 y 1870, cuando escribe en su autobiografía: “Antes era admirado, apreciado y hasta alabado por todos, y ahora, a excepción de muy pocos, todos me odian y dicen que el Padre Claret es el peor hombre que jamás ha existido y que soy la causa de todos los males”. Alguna prensa de humor le llama el “Padre Clarinete”, lo ridiculizan, lanzan sátiras en injurias sobre él… falsifican sus libros, sus escritos salen distorsionados en los periódicos … La calumnia contra nuestro santo traspasa las fronteras de España y llega también a Francia, Inglaterra, Italia y Alemania.

Claret en Roma y en el concilio vaticano I

Motivada por la inestabilidad política, la Reina Isabel II emprende junto a San Antonio María Claret su viaje de exilio a París. Pero al cabo de pocos días, Claret viaja a Roma donde se entrevista con el Papa Pío IX. En la Ciudad Eterna, confiesa y predica especialmente a religiosas y seminaristas; visita hospitales, escribe y prepara su intervención en el Concilio Vaticano I, que sería inaugudado el 8 de diciembre de 1869. Su aparición en aquella magna asamblea se produce el 31 de mayo de 1870. A pesar de haber sufrido unos días antes una afección cerebral, monseñor Claret deja clara su posición en favor de la infalibilidad del Papa.

Sus últimos días

Antonio María Claret se encuentra ya en un delicado estado de salud. Los últimos años de su vida los pasa en el Monasterio Cisterciense de Fontfreda, en el sur de Francia. Allí fallece con fama de santidad el 24 de octubre de 1870. El cuerpo fue trasladado a Vic (Barcelona), donde descansa en el templo de la Comunidad Claretiana.

La santidad de Claret fue reconocida el 25 de febrero de 1934 (beatificación) y el 7 de mayo de 1950 (canonización). El Papa Pío XII, en unas palabras pronunciadas después de declararlo santo lo definía de esta manera:

“Alma grande, nacida como para ensamblar contrastes; pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo; pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante; de apariencia modesta, pero capaz de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra; fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia; siempre en la presencia de Dios, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior; calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y entre tantas maravillas, como luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Divina Madre”.

Su devoción a la virgen María

Antonio María Claret tuvo un gran amor a la Virgen María, y en especial a la Inmaculada que se venera en la ermita de Fusimanya, situada a tres kilómetros de Sallent, y a la cual peregrinaba a menudo solo o bien acompañado de su hermana Rosa. Durante sus años de seminarista tuvo una experiencia mística que él mismo explicó en su autobiografía: “En invierno tuve un resfriado; me mandaron guardar cama; a las diez y media de la mañana experimenté una tentación muy terrible. Acudí a María santísima, invocaba al Ángel santo de mi guarda…, me esforzaba en fijar la atención en objetos indiferentes para distraerme… Pero, todo en vano. Finalmente, me volví del otro lado de la cama para ver si así se me desvanecía la tentación, cuando he aquí que se me presenta María santísima y graciosísima. En sus brazos tenía una corona de rosas hermosísimas; me dirigió la palabra y me dijo: “Antonio, esta corona será tuya si vences”. Y vi que me ponía en la cabeza la corona de rosas que tenía en la mano derecha. !Gloria a María! !Victoria de María!.

Antonio María Claret, describía de esta manera como tienen que ser los devotos de la Virgen: “Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abraza por donde pasa, que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del amor divino. Nada le alarma, se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino como seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas”

Onomástica y Patronazgo

La onomástica de San Antonio María Claret se celebra el 24 de octubre. Es el patrón de las Cajas de Ahorro y junto a San Francisco de Asís, proteje a todos los fabricantes y trabajadores del mundo textil.

Oración Apostólica de San Antonio María Claret

Señor y Padre mio,
que te conozca
y te haga conocer,
que te ame
y te haga amar;
que te sirva
y te haga servir;
que te alabe
y te haga alabar
por todas las criaturas.

“Oh Dios, que concediste a tu obispo San Antonio María Claret una caridad y un valor admirables para anunciar el Evangelio a los pueblos; concédenos, por su intercesión, que, buscando siempre tu voluntad en todas las cosas, trabajemos generosamente por ganar nuevos hermanos para Cristo”. (Oración propia del Breviario)